jueves, 5 de marzo de 2009


A Silvina Ocampo
9 de septiembre 1976
San Isidro

Querida Silvina:

Te agradezco tu carta. Has visto muy bien que este ingreso mío en la Academia es un paso que nos beneficiará a todas. Unica y exclusivamente por esa razón he aceptado el nombramiento. No creo que tenga pasta académica.

En cuanto a lo que pensás sobre el feminismo, lo comprendo. Pero, ¿qué otro remedio queda frente a la realidad? Yo soy feminista. Contrariamente a lo que afirmás, no tengo la impresión de haber hecho por las Letras lo que he tratado de hacer por la mujer. La suerte de la mujer ha sido una preocupación continua en mi vida y si no lo he demostrado mejor, lo lamento.

Fui presidenta de la Unión Argentina de Mujeres. Hacia 1935 o 1936 arremetieron contra los pocos derechos obtenidos hasta esa fecha. Repetto, Tobal, Lafaille, Rivarola, Martínez Paz querían anular las poquísimas conquistas logradas. El nuevo panorama era pavoroso. En el papelucho cuya fotocopia te mando, lo verás. Tuve con Repetto una larga conversación (en casa de González Garaño, Marietta es testigo) que me indignó (con sobrada razón). Esta reforma regresiva del Código, ideada por un grupo de grandes señores de las leyes, fue combatida por unas cuantas mujeres: yo entre ellas, con todo ardor. Conseguimos anularla.

En esa época (1936 más o menos) llevaron presas a dos muchachas que vendían, en Florida, un folleto de protesta (moderada en sus términos) escrito por mí. Yo ya era viuda y no me metía en el berenjenal por razones personales. Hace de esto 40 años. Siempre he seguido protestando contra la infame ley de la patria potestad (no tengo hijos). La última vez que lo hice fue cuando la señora María Estela Martínez de Perón vetó la anulación de esa ley (ya votada). Durante el reinado de Evita (que se mofaba de las feministas y las ridiculizó en La razón de mi vida , y que impuso el voto femenino no por ser una medida justa, sino por motivos de conveniencia política) también protesté públicamente. Supongo que sabrás que pasé un mes en el Buen Pastor. Pero este reformatorio no me reformó.

Para mí hoy RIEN NE VA PLUS , como en la ruleta. No tengo ya nada que perder ni que ganar.

Me parece injusto que me acusés de no haber hecho por la mujer todo lo que hubiese podido hacer. Lo he hecho de acuerdo con mi manera de ver las cosas. Siento de veras haber fallado, si es que he fallado como vos decís. Pero no ha sido por falta de voluntad. Eso no.

Estoy segura de que has debido trabajar con tenacidad y ése es un mérito raro en las mujeres que no necesitan imponerse una disciplina porque la vida les ofrece otro tipo de facilidades.

A mí también me alegra el éxito de los demás y más aún si se trata de una mujer.

Gracias de nuevo por tu saludo y un abrazo

Victoria


A María de Maeztu
3 de diciembre
New Clarges Hotel-Halfmoon
Street
Piccadilly-London. W. I.

Querida María:

Me dicen que Ortega tiene idea de venir a Londres. ¿Es cierta la noticia? ¿Cuándo vendría? Tengo aún la debilidad de desear encontrarlo aquí o en Madrid, cuando yo vaya a la Residencia. Le ruego me diga algo sobre las intenciones de este meditador volage [volátil].

Lo paso muy bien en Londres. Los Huxley son muy afectuosos conmigo y gracias a ellos he conocido a Virginia Woolf -a quien me interesaba mucho conocer- y a Wells. Wells un poco decrépito ya... (que no me oiga). Me resultan más divertidos sus libros que su... cuerpo presente.

Virginia, ¡una inglesa extraordinaria! ¡Más novelesca que sus novelas! Y para quien el mundo real no existe. Fantástica mujer. ¡Pelo blanco, cara muy delgada y belleza conmovedora en medio de su frialdad glacial, como diría la bestia de Grau! ¡Pobre! Me ha preguntado hasta el infinito sobre mi vida, mi país, mi infancia etc., etc., todo con una pasión y una curiosidad totalmente impersonales. Como si yo fuera una cosa y no un ser viviente. Pero se lo perdono. También me divierte y me inspira una curiosidad que no es cruel, sino infinitamente más directa y humana. Me quedo en Londres por ella, más de lo que pensaba. Me fascina porque tiene todo lo que yo no tengo y porque tengo todo lo que ella no tiene. Y creo que la fascino por la misma causa. Y luego es tan extraña, tan wrapped up [ensimismada] en su mundo imaginario donde juego el papel de una inmensa mariposa dorada "sudamericana" -es decir, exótica- revoloteando a su alrededor, haciéndola soñar con un país que no quiere conocer sino en la forma en que se lo relata a sí misma... (no me lo ha dicho así, pero así lo siento). Las mujeres de talento me interesan, María, más que los hombres. Los hombres me interesan por otras razones... ¡Pero las mujeres! Quisiera desmontarlas pieza por pieza para no dejar escapar nada.

Pero Virginia vive en la luna. No sé cómo hacer para aterrizarla. Y acaso esto sea inútil y hay que aceptarla como es, en la luna.

¿Ha leído Ud. sus libros? ¿Le gustan?

He visto un Hamlet sorprendente ayer noche. ¡Dios mío! No hay nada en las obras de teatro contemporáneas comparable a Hamlet ... " O my prophetic soul ". ¡Y qué bien que los actores digan simplemente las cosas a las cuales el tono y la envergadura nada pueden agregar! Y esa eterna duda que es la mía y acaso la suya, la de tantos seres.

Whether ´tis noble in the mind to
suffer
The slings and arrows of
outrageous fortune
Or to take arms against a sea
of troubles,
And by opposing, to end them
[Acaso es preferible padecer en la
mente
Los dardos y las flechas de una
suerte infausta
Antes que alzar las armas contra
un mar de tormentos
Y al enfrentarlos, terminar con ellos]

Fui a ver Hamlet sola y creo que habría llorado al oír ciertas cosas si no hubieran estado expresadas de un modo tan hermoso que vuelve imposibles las

lágrimas.

Si Ortega planea venir en lo inmediato a Londres, le ruego que me lo telegrafíe. Si no, escríbame a París, al Banco Español, como siempre.

La abrazo fuertemente.
Victoria

Virginia Woolf me dice: "¡Pero Ud. tiene la más fascinante vida que nunca he visto!" (¡Todo ocurre en su imaginación!)

martes, 3 de marzo de 2009


Carta que escribió Beethoven a Emilia, una niña de 8 años, que había escrito en secreto al genio para decirle que su música la hacía feliz. Con la carta, también le envió una cartera, que ella misma había hecho.





Toeplitz, 17 de Julio de 1812.

¡Mi querida y buena Emilia, mi querida Emilia!:

Mi respuesta a tu carta llega tarde; un cúmulo de ocupaciones y mi persistente indisposición me excusan. Mi presencia aquí para el restablecimiento de mi salud prueba la veracidad de mis excusas. -No arranques a Haendel, Haydn y Mozart su corona de laurel; les pertenece a ellos y no a mí todavía-. Guardo tu billetera entre otras señales de la estima que me han demostrado otras personas, y que todavía no merezco.

Continúa, no ejercites tan sólo tu arte, sino penetra en su intimidad; él lo merece, pues sólo el arte y la ciencia elevan al hombre hasta la divinidad. Si alguna vez deseas alguna cosa, mi querida Emilia, escríbeme con toda confianza. El verdadero artista no tiene orgullo; bien sabe que el arte no tiene límites; siente oscuramente hasta qué punto está alejado de su objetivo, y mientras otros, puede ser, le admiran, deplora no haber llegado todavía ahí donde su genio mejor brilla para él como un sol lejano.

Posiblemente iría gustoso a tu casa, con los tuyos, que a las casas de muchos ricos en las que se adivina la pobreza de su espíritu. Si voy alguna vez a Hamburgo, iré a tu casa con los tuyos. No reconozco en ningún hombre otro signo de superioridad más que la bondad. -Ahí donde la encuentro, ahí está mi hogar-.

Si quieres escribirme, querida Emilia, dirige tu carta aquí, donde pasaré algunas semanas todavía, o bien a Viena; es lo mismo. Considérame como tu amigo y el de tu familia.

Ludwig van Beethoven